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Me molesta el siempre estar en este papel, parece como si quejarme fuera lo único que sé hacer. Pero a esta altura me pregunto de cuántas cosas más soy capaz. Siento que no puedo conmigo, que no vale la pena intentarlo. Me estoy rindiendo antes de saber por mi cuenta que la respuesta es no...
Y me pregunto entonces si es que tengo miedo al sí. Me pregunto qué haría, cómo procedería, cómo y cuánto cambiaría mi vida. ¿Arreglaría eso algo? ¿Podría llegar a ser feliz?
Y me pregunto entonces si es que tengo miedo al no. Me pregunto qué haría si esa última alternativa no me ayudara, me pregunto cómo actuaría entonces. ¿Arreglaría eso algo? ¿Podría llegar a ser feliz?
El miércoles pasado fui a la psicóloga con toda la intención de decirle que no quería volver a tocar el tema. Iba a decirle, imaginando que me preguntaría el por qué, que no le encontraba un sentido, que es algo que me hace mal y que no soy una persona lo suficientemente fuerte para hacerle frente a esta situación; ni conmigo ni con los demás.
Iba. Porque entre aguantar la respiración para no llorar y eso que me come la voz, creo que sólo le pude decir que no quería volver a hablar del tema y que es algo que me hace mal. 
Es gracioso. Recién, mientras escribía, tuve que borrar el tengo miedo que le seguía a lo que pude decirle a ella. Es muy cierto aunque nunca usé esa palabra. Me aterra.
La semana pasada leí en un fanfic random algo que me tocó mucho. El personaje prefería intentarlo y recibir el no que vivir con la incertidumbre. Claro que sé que eso es lo más lógico. Cualquier persona podría decir eso, ¿no? Pero no me siento lo suficientemente capaz de llevar adelante todo esto.
De verdad quiero que se acabe pronto. Necesito sentirme bien. Tengo miedo de acercarme a personas nuevas porque no sé de qué manera relacionarme, también tengo miedo de reencontrarme con personas conocidas por si notan un cambio o directamente la falta de progreso.
Me siento triste. En un estanque, como un pez.
Siempre dije que siento que estoy para grandes cosas, ahora me pregunto si alguna vez dije una mentira tan grande como esa...
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Te lo conté. Eso que hace años me pesa. Eso que según la psicóloga hace que no deje de soñar con mochilas, ja.
Y no sabés cuánto me arrepiento de habértelo dicho. ¿Con qué propósito? Sabía de antemano que no podías hacer nada, y ahora sólo obtuve aquello que me aterra desde que te conozco: tu indiferencia. No quiero hacer un melodrama de esto, pero sos mi mejor amigo, sos mi apoyo más grande y aunque es comprensible que estés alejándote de a poquito eso no lo hace menos doloroso. Había hecho planes para los dos, ¿sabés? Cuando dijiste que íbamos a ir a Francia a sacar fotos en las que no apareciéramos me sentí feliz, realmente feliz. Fue algo simple, compartir algo con alguien. Nada más. Nada.
Te juro que no hay una razón por la que te tengas que sentir incómodo conmigo ahora y tampoco la va a haber, así como yo no siento incomodidad con vos. Ya te dije que podemos hacer que no se dijo nada si lo preferís.
Qué mal suena eso.
Ayer, en terapia, ese miedo fue casi el tema principal. Siquiera me dejó disfrutar de lo que implicaría el deshacerme de un peso tan grande.
Pero ya está. Me paso la vida lamentándome de cosas que hice, de que el tiempo no pueda volverse atrás. Y quiero pensar que todo tiene una razón de ser, que de todas mis acciones equivocadas, aunque sea a largo plazo, pero voy a obtener un beneficio, una enseñanza.
Solo espero ser lo suficientemente fuerte para pasar por la tormenta. Porque ya no me importa el cómo ni el resultado, sino solo salir. Sí, como sea. De la forma que sea.