|
Te lo conté. Eso que hace años me pesa. Eso que según la psicóloga hace que no deje de soñar con mochilas, ja.
Y no sabés cuánto me arrepiento de habértelo dicho. ¿Con qué propósito? Sabía de antemano que no podías hacer nada, y ahora sólo obtuve aquello que me aterra desde que te conozco: tu indiferencia. No quiero hacer un melodrama de esto, pero sos mi mejor amigo, sos mi apoyo más grande y aunque es comprensible que estés alejándote de a poquito eso no lo hace menos doloroso. Había hecho planes para los dos, ¿sabés? Cuando dijiste que íbamos a ir a Francia a sacar fotos en las que no apareciéramos me sentí feliz, realmente feliz. Fue algo simple, compartir algo con alguien. Nada más. Nada.
Te juro que no hay una razón por la que te tengas que sentir incómodo conmigo ahora y tampoco la va a haber, así como yo no siento incomodidad con vos. Ya te dije que podemos hacer que no se dijo nada si lo preferís.
Qué mal suena eso.
Ayer, en terapia, ese miedo fue casi el tema principal. Siquiera me dejó disfrutar de lo que implicaría el deshacerme de un peso tan grande.
Pero ya está. Me paso la vida lamentándome de cosas que hice, de que el tiempo no pueda volverse atrás. Y quiero pensar que todo tiene una razón de ser, que de todas mis acciones equivocadas, aunque sea a largo plazo, pero voy a obtener un beneficio, una enseñanza.
Solo espero ser lo suficientemente fuerte para pasar por la tormenta. Porque ya no me importa el cómo ni el resultado, sino solo salir. Sí, como sea. De la forma que sea.

0 comentarios:

Publicar un comentario