Parece mentira que haya pasado tanto tiempo. Parece mentira lo que leo, escrito de mis propias manos, de mis propios pensamientos. Tanto odio, tanto enojo, tanta tristeza y soledad.
No voy a negar que cierto dejo del malestar que sentí durante tantos años sigue estando. Y supongo que va a pasar tiempo para que se vaya del todo. Pero hoy puedo decir con cierta alegría y alivio que me siento una persona nueva. Encontré mi objetivo, mi razón para seguir adelante y ser feliz. Y con más alegría y orgullo digo que esa razón no es externa sino que soy yo mismo. Estoy aprendiendo a quererme, a respetarme, a darme mi lugar y escuchar lo que yo quiero antes que lo que los demás quieren. Y honestamente es muy difícil para mí el darme ese lugar cuando crecí siendo de otra forma. Y eso dejó consecuencias imborrables en mi persona. Pero sí hay cosas que puedo revertir y mejorar en mí y a eso apunto.
Sorpresivamente me encontré con más gente de la que esperaba apoyándome. También me encontré con que con alguien a quien consideraba importante en mi vida me dio la espalda. Pero no me voy a hacer el "especial". A todos les toca eso alguna vez. Sólo quería hacer énfasis en que si uno no se da la oportunidad, entonces nadie va a dártela. Y que, como dije, podés encontrarte sorpresas agradables. La sombra del "y si..." me sigue a todas partes todavía. Tengo que pensar mil veces antes de dar un paso y aún así lo dudo, sin mencionar que ocupo mucha energía en pensar todos los posibles escenarios que se pueden dar, casi siempre equivocándome con el resultado final. Pero estoy en el camino de encontrarme y espero en el trayecto terminar de arreglar todo lo que está suelto.
Nada. Si alguien lee, sólo quiero decir el cliché más grande: se puede salir adelante. No trates de hacerlo solo, buscá ayuda. Un amigo, un familiar, un terapeuta, Dios, un desconocido de internet... lo que más te sirva. Pero más importante aún, hacelo sólo por vos. Y si tenés mucho enojo adentro como el que yo tenía, usá como motivación el demostrarle a los demás que sos más grande de lo que te hacen sentir. Y ahí te vas a dar cuenta que realmente no valían la pena y que vos sos quien merece todo el esfuerzo.
No sé si vuelva a publicar, pero si alguien lee y lo necesita... Acá estoy.
Un abrazo-
Me molesta el siempre estar en este papel, parece como si quejarme fuera lo único que sé hacer. Pero a esta altura me pregunto de cuántas cosas más soy capaz. Siento que no puedo conmigo, que no vale la pena intentarlo. Me estoy rindiendo antes de saber por mi cuenta que la respuesta es no...
Y me pregunto entonces si es que tengo miedo al sí. Me pregunto qué haría, cómo procedería, cómo y cuánto cambiaría mi vida. ¿Arreglaría eso algo? ¿Podría llegar a ser feliz?
Y me pregunto entonces si es que tengo miedo al no. Me pregunto qué haría si esa última alternativa no me ayudara, me pregunto cómo actuaría entonces. ¿Arreglaría eso algo? ¿Podría llegar a ser feliz?
El miércoles pasado fui a la psicóloga con toda la intención de decirle que no quería volver a tocar el tema. Iba a decirle, imaginando que me preguntaría el por qué, que no le encontraba un sentido, que es algo que me hace mal y que no soy una persona lo suficientemente fuerte para hacerle frente a esta situación; ni conmigo ni con los demás.
Iba. Porque entre aguantar la respiración para no llorar y eso que me come la voz, creo que sólo le pude decir que no quería volver a hablar del tema y que es algo que me hace mal.
Es gracioso. Recién, mientras escribía, tuve que borrar el tengo miedo que le seguía a lo que pude decirle a ella. Es muy cierto aunque nunca usé esa palabra. Me aterra.
La semana pasada leí en un fanfic random algo que me tocó mucho. El personaje prefería intentarlo y recibir el no que vivir con la incertidumbre. Claro que sé que eso es lo más lógico. Cualquier persona podría decir eso, ¿no? Pero no me siento lo suficientemente capaz de llevar adelante todo esto.
De verdad quiero que se acabe pronto. Necesito sentirme bien. Tengo miedo de acercarme a personas nuevas porque no sé de qué manera relacionarme, también tengo miedo de reencontrarme con personas conocidas por si notan un cambio o directamente la falta de progreso.
Me siento triste. En un estanque, como un pez.
Siempre dije que siento que estoy para grandes cosas, ahora me pregunto si alguna vez dije una mentira tan grande como esa...
Te lo conté. Eso que hace años me pesa. Eso que según la psicóloga hace que no deje de soñar con mochilas, ja.
Y no sabés cuánto me arrepiento de habértelo dicho. ¿Con qué propósito? Sabía de antemano que no podías hacer nada, y ahora sólo obtuve aquello que me aterra desde que te conozco: tu indiferencia. No quiero hacer un melodrama de esto, pero sos mi mejor amigo, sos mi apoyo más grande y aunque es comprensible que estés alejándote de a poquito eso no lo hace menos doloroso. Había hecho planes para los dos, ¿sabés? Cuando dijiste que íbamos a ir a Francia a sacar fotos en las que no apareciéramos me sentí feliz, realmente feliz. Fue algo simple, compartir algo con alguien. Nada más. Nada.
Te juro que no hay una razón por la que te tengas que sentir incómodo conmigo ahora y tampoco la va a haber, así como yo no siento incomodidad con vos. Ya te dije que podemos hacer que no se dijo nada si lo preferís.
Qué mal suena eso.
Ayer, en terapia, ese miedo fue casi el tema principal. Siquiera me dejó disfrutar de lo que implicaría el deshacerme de un peso tan grande.
Pero ya está. Me paso la vida lamentándome de cosas que hice, de que el tiempo no pueda volverse atrás. Y quiero pensar que todo tiene una razón de ser, que de todas mis acciones equivocadas, aunque sea a largo plazo, pero voy a obtener un beneficio, una enseñanza.
Solo espero ser lo suficientemente fuerte para pasar por la tormenta. Porque ya no me importa el cómo ni el resultado, sino solo salir. Sí, como sea. De la forma que sea.
Y no sabés cuánto me arrepiento de habértelo dicho. ¿Con qué propósito? Sabía de antemano que no podías hacer nada, y ahora sólo obtuve aquello que me aterra desde que te conozco: tu indiferencia. No quiero hacer un melodrama de esto, pero sos mi mejor amigo, sos mi apoyo más grande y aunque es comprensible que estés alejándote de a poquito eso no lo hace menos doloroso. Había hecho planes para los dos, ¿sabés? Cuando dijiste que íbamos a ir a Francia a sacar fotos en las que no apareciéramos me sentí feliz, realmente feliz. Fue algo simple, compartir algo con alguien. Nada más. Nada.
Te juro que no hay una razón por la que te tengas que sentir incómodo conmigo ahora y tampoco la va a haber, así como yo no siento incomodidad con vos. Ya te dije que podemos hacer que no se dijo nada si lo preferís.
Qué mal suena eso.
Ayer, en terapia, ese miedo fue casi el tema principal. Siquiera me dejó disfrutar de lo que implicaría el deshacerme de un peso tan grande.
Pero ya está. Me paso la vida lamentándome de cosas que hice, de que el tiempo no pueda volverse atrás. Y quiero pensar que todo tiene una razón de ser, que de todas mis acciones equivocadas, aunque sea a largo plazo, pero voy a obtener un beneficio, una enseñanza.
Solo espero ser lo suficientemente fuerte para pasar por la tormenta. Porque ya no me importa el cómo ni el resultado, sino solo salir. Sí, como sea. De la forma que sea.
Hace tanto que no entraba por acá que llegué a pensar que no iba a usarlo nuevamente. No voy a decir que fue porque todo este tiempo fue miel sobre hojuelas, sino que, creo, ni siquiera encontraba la motivación para escribir algo.
Si tuviese que resaltar algo, eso sería que los últimos días de diciembre comencé terapia. Lamentablemente no fue como esperaba. Creo que tenía un ideal muy marcado y si bien yo a veces no pongo de mi parte, pienso que la psicóloga no sabe cómo tratarme tampoco. Y es que cada semana prácticamente le digo que quiero morirme, que me falta encontrar el valor para intentarlo nuevamente, o desprenderme de la imagen de Dios, y hay veces en las que no habla siquiera.
Necesito tanto la ayuda que el que ella no pueda brindármela me hace pedazos.
Pero no vine para eso.
Hace varios días que no dejo de sentirme mal. Muy mal y cada vez es peor. Siento que no hay nada que pueda hacer con mi vida y con las oportunidades que se me presentan. Me siento débil. Me sé debil. Y odio la clase de persona que soy. Y odio que se crean con el derecho de juzgarme cuando no saben nada de mí. Todos a mi alrededor piensan que soy así porque quiero, que no me interesa avanzar. Pero nadie, NADIE se puede dar una idea de lo mucho que me esfuerzo para seguir adelante, lo que me lastima y me destroza cada día.
Eso. Me siento roto.
Hoy mientras cocinaba me planteé si no sería un buen día para hacerlo. Y si no hubiese habido más gente en casa me habría puesto a llorar como tantas ganas tenía de hacer. Porque si bien la idea nunca se va, desde hace años que no siento eso de "quizás podría ser hoy, este mismo día".
No quiero sentirme más así. Y el único que me hace bien ya no está. Y ahora me hace mal. Siento que ya no es él, que lo perdí. Creí que íbamos a ser como antes más tiempo. No lo quería para mí para siemrpe, sólo que no esperaba esto tan pronto. Por ahí es tiempo de que lo deje ir...
Quiero que todo esto se acabe, me gustaría dejar de defraudar a los demás y sobre todo sentirme bien conmigo, pero eso no va a pasar. No deja que pase.
Por favor, que termine.
Si tuviese que resaltar algo, eso sería que los últimos días de diciembre comencé terapia. Lamentablemente no fue como esperaba. Creo que tenía un ideal muy marcado y si bien yo a veces no pongo de mi parte, pienso que la psicóloga no sabe cómo tratarme tampoco. Y es que cada semana prácticamente le digo que quiero morirme, que me falta encontrar el valor para intentarlo nuevamente, o desprenderme de la imagen de Dios, y hay veces en las que no habla siquiera.
Necesito tanto la ayuda que el que ella no pueda brindármela me hace pedazos.
Pero no vine para eso.
Hace varios días que no dejo de sentirme mal. Muy mal y cada vez es peor. Siento que no hay nada que pueda hacer con mi vida y con las oportunidades que se me presentan. Me siento débil. Me sé debil. Y odio la clase de persona que soy. Y odio que se crean con el derecho de juzgarme cuando no saben nada de mí. Todos a mi alrededor piensan que soy así porque quiero, que no me interesa avanzar. Pero nadie, NADIE se puede dar una idea de lo mucho que me esfuerzo para seguir adelante, lo que me lastima y me destroza cada día.
Eso. Me siento roto.
Hoy mientras cocinaba me planteé si no sería un buen día para hacerlo. Y si no hubiese habido más gente en casa me habría puesto a llorar como tantas ganas tenía de hacer. Porque si bien la idea nunca se va, desde hace años que no siento eso de "quizás podría ser hoy, este mismo día".
No quiero sentirme más así. Y el único que me hace bien ya no está. Y ahora me hace mal. Siento que ya no es él, que lo perdí. Creí que íbamos a ser como antes más tiempo. No lo quería para mí para siemrpe, sólo que no esperaba esto tan pronto. Por ahí es tiempo de que lo deje ir...
Quiero que todo esto se acabe, me gustaría dejar de defraudar a los demás y sobre todo sentirme bien conmigo, pero eso no va a pasar. No deja que pase.
Por favor, que termine.
Hoy, jueves 12 de julio, debería ser un día especial, que me marque de algún modo. Sin embargo, desde hace rato estoy otra vez tratando de no llorar.
Sí. Hoy, que debería estar sonriendo, festejando quizás, lo más cercano a la alegría que siento, es el alivio. Me siento superviviente, de nuevo. Siento el haber llegado en una pieza, o algo así, a la meta. Pero definitivamente no estoy feliz.
No sé cuál es el siguiente paso y eso me aterra. Más me aterraría el tener planificado cada segundo de mi día a día, porque soy consciente de que no sería capaz de seguir esa rutina. Pero lo cierto es que me siento perdido...
Quiero y necesito estar solo, pero a su vez, tengo la certeza de que no voy a llegar muy lejos sin tener a alguien al lado, que me controle aunque no me guste.
Cada vez más seguido me pierdo, imaginándome en una realidad alterna en la que todo sería diferente. Correría bien, bien lejos de todo y las cosas mejorarían. Sí, mejorarían mucho.
Es tan fácil hacer eso... En verdad lo es. Pensar en todos los "hubiese" y creer que las cosas podrían haber sido mejor, que ya no lo son ni pueden cambiar.
Hace un tiempo leí algo que si bien me hizo mal por lo duro, es muy cierto. Nosotros no somos culpables de las cosas malas que nos pasan. No somos dueños de absolutamente todo lo que pasa a nuestro alrededor y por eso, circunstancias externas constantemente nos influyen y definen. No somos culpables de que nos lastimen o nos hagan mal, pero sí tenemos la completa decisión de cómo seguir a partir de eso.
Eso fue lo que más dolió. Reconocer que uno es el único responsable de su futuro y también del salir adelante pese a las cosas malas. Siento que no tengo nada de eso. Y otra vez me pierdo en el círculo vicioso de imaginar, pensar, crear sin ver nada de lo que tengo adelante.
Antes dije que me sentía superviviente. Y sí. De alguna forma u otra, siempre termino saliendo. ¿Pero a qué costo? Me pregunto si realmente vale la pena salir de eso para quedarse dando tumbos en la nada.
De todas formas, tengo la esperanza de todavía encontrarme en estado de "shock", y en unos días poder disfrutar, o al menos dejar de lamentar todo esto. En verdad sería agradable.
Sí. Hoy, que debería estar sonriendo, festejando quizás, lo más cercano a la alegría que siento, es el alivio. Me siento superviviente, de nuevo. Siento el haber llegado en una pieza, o algo así, a la meta. Pero definitivamente no estoy feliz.
No sé cuál es el siguiente paso y eso me aterra. Más me aterraría el tener planificado cada segundo de mi día a día, porque soy consciente de que no sería capaz de seguir esa rutina. Pero lo cierto es que me siento perdido...
Quiero y necesito estar solo, pero a su vez, tengo la certeza de que no voy a llegar muy lejos sin tener a alguien al lado, que me controle aunque no me guste.
Cada vez más seguido me pierdo, imaginándome en una realidad alterna en la que todo sería diferente. Correría bien, bien lejos de todo y las cosas mejorarían. Sí, mejorarían mucho.
Es tan fácil hacer eso... En verdad lo es. Pensar en todos los "hubiese" y creer que las cosas podrían haber sido mejor, que ya no lo son ni pueden cambiar.
Hace un tiempo leí algo que si bien me hizo mal por lo duro, es muy cierto. Nosotros no somos culpables de las cosas malas que nos pasan. No somos dueños de absolutamente todo lo que pasa a nuestro alrededor y por eso, circunstancias externas constantemente nos influyen y definen. No somos culpables de que nos lastimen o nos hagan mal, pero sí tenemos la completa decisión de cómo seguir a partir de eso.
Eso fue lo que más dolió. Reconocer que uno es el único responsable de su futuro y también del salir adelante pese a las cosas malas. Siento que no tengo nada de eso. Y otra vez me pierdo en el círculo vicioso de imaginar, pensar, crear sin ver nada de lo que tengo adelante.
Antes dije que me sentía superviviente. Y sí. De alguna forma u otra, siempre termino saliendo. ¿Pero a qué costo? Me pregunto si realmente vale la pena salir de eso para quedarse dando tumbos en la nada.
De todas formas, tengo la esperanza de todavía encontrarme en estado de "shock", y en unos días poder disfrutar, o al menos dejar de lamentar todo esto. En verdad sería agradable.
btr
Es en días como este, cuando estoy relativamente tranquilo, que soy plenamente consciente de que hay cosas que no están del todo bien conmigo, que no es normal tener que dormir con las luces prendidas porque miedo a que algo aparezca, no poder cruzar un pasillo a oscuras sin sentir pavor, que mis reacciones a ciertas cosas no son naturales.
Hace día y medio que se fueron, dejándome solo acá, y hace el mismo tiempo que no salgo, ni para ir a cursar ni para cumplir con las cosas que prometí hacer. Incluso, mañana con un parcial, todavía no toqué nada y me pasé más de cuatro horas sentado en un rincón escuchando la misma canción. No, no es normal. No lo es, pero no puedo hacer nada para evitarlo, sólo lo hago.
Sólo a veces soy capaz de ponerme a analizar mi comportamiento y duele, angustia el saber que no puedo controlar ciertas cosas, que siquiera sé por qué me pasan.
Debería volver con la psicóloga, eso también lo sé. Lo sé y creo que lo necesito ¿pero qué le digo? No podría explicarle las cosas que no sé, y las que sí sé no quiero contarlas. Sería inútil ir para que me vuelvan a decir que si no colaboro, no pueden ayudarme, porque voy a volver a mentir y no me sirve.
Necesito algo, lo sé, tengo la seguridad. Pero no sé qué es ese algo y ahí es cuando me pierdo otra vez. Quisiera tener una convicción firme y verdadera, o que eso que siempre está y nunca me deja terminar lo que empiezo, se vaya.
Ahora sólo quiero llorar mucho y deshacer el nudo que tengo en la garganta, pero pese a eso, no puedo estar más tranquilo. Necesito salir de esto ya, no quiero terminar como antes, pero no sé cómo...
Hace día y medio que se fueron, dejándome solo acá, y hace el mismo tiempo que no salgo, ni para ir a cursar ni para cumplir con las cosas que prometí hacer. Incluso, mañana con un parcial, todavía no toqué nada y me pasé más de cuatro horas sentado en un rincón escuchando la misma canción. No, no es normal. No lo es, pero no puedo hacer nada para evitarlo, sólo lo hago.
Sólo a veces soy capaz de ponerme a analizar mi comportamiento y duele, angustia el saber que no puedo controlar ciertas cosas, que siquiera sé por qué me pasan.
Debería volver con la psicóloga, eso también lo sé. Lo sé y creo que lo necesito ¿pero qué le digo? No podría explicarle las cosas que no sé, y las que sí sé no quiero contarlas. Sería inútil ir para que me vuelvan a decir que si no colaboro, no pueden ayudarme, porque voy a volver a mentir y no me sirve.
Necesito algo, lo sé, tengo la seguridad. Pero no sé qué es ese algo y ahí es cuando me pierdo otra vez. Quisiera tener una convicción firme y verdadera, o que eso que siempre está y nunca me deja terminar lo que empiezo, se vaya.
Ahora sólo quiero llorar mucho y deshacer el nudo que tengo en la garganta, pero pese a eso, no puedo estar más tranquilo. Necesito salir de esto ya, no quiero terminar como antes, pero no sé cómo...
Broken Mirror
A veces no es tan fácil.
Lo que sentís, lo que pensás, lo que querés.
Lo que los demás ven, lo que quieren que seas.
¿Está tan mal?
A veces sólo ves un extraño en el espejo... Tratás y tratás de encontrarte ahí, de sonreír a eso que está del otro lado, pero esos ojos, quizás lo único que te resulte familiar, sólo te observan con tristeza y desesperación. Te gritan en silencio que lo ayudes a salir, que lo dejes respirar, pero tenés miedo.
«¡¿Miedo a qué?!» te grita desde ese vacío. «Yo tengo miedo acá, sin salida»
Y por un instante, una fracción de segundos, creés ver un atisbo de esperanza en esos ojos que ahora te animan, te dicen que todo está bien y que no hay nada que temer. Y vos sabés que es lo correcto, que así deberían haber sido siempre las cosas. Y con esa seguridad contagiada salís al mundo de nuevo, nuevo.
Quizás sean los momentos más felices de tu vida, por que ahora realmente te sentís vivo.
Pero de pronto una mirada, un gesto, un reflejo, y ya no sabés para dónde salir. Querés compartir ese paso que diste, pero te das cuenta que nunca lo hablaste con nadie por miedo, vergüenza, ni a todas tus dudas y miedos.
Y también te das cuenta, tras abrir los ojos, de que nunca saliste de tu habitación, que todavía tenés en frente el espejo que te devuelve la misma mirada dolida y decepcionada de siempre, a la que ya te acostumbraste.
«Quizás mañana» te decís y tratás de sonreír e ignorar el dolor que te provoca saber que vos mismo sos tu obstáculo para ser feliz.
Lo que sentís, lo que pensás, lo que querés.
Lo que los demás ven, lo que quieren que seas.
¿Está tan mal?
A veces sólo ves un extraño en el espejo... Tratás y tratás de encontrarte ahí, de sonreír a eso que está del otro lado, pero esos ojos, quizás lo único que te resulte familiar, sólo te observan con tristeza y desesperación. Te gritan en silencio que lo ayudes a salir, que lo dejes respirar, pero tenés miedo.
«¡¿Miedo a qué?!» te grita desde ese vacío. «Yo tengo miedo acá, sin salida»
Y por un instante, una fracción de segundos, creés ver un atisbo de esperanza en esos ojos que ahora te animan, te dicen que todo está bien y que no hay nada que temer. Y vos sabés que es lo correcto, que así deberían haber sido siempre las cosas. Y con esa seguridad contagiada salís al mundo de nuevo, nuevo.
Quizás sean los momentos más felices de tu vida, por que ahora realmente te sentís vivo.
Pero de pronto una mirada, un gesto, un reflejo, y ya no sabés para dónde salir. Querés compartir ese paso que diste, pero te das cuenta que nunca lo hablaste con nadie por miedo, vergüenza, ni a todas tus dudas y miedos.
Y también te das cuenta, tras abrir los ojos, de que nunca saliste de tu habitación, que todavía tenés en frente el espejo que te devuelve la misma mirada dolida y decepcionada de siempre, a la que ya te acostumbraste.
«Quizás mañana» te decís y tratás de sonreír e ignorar el dolor que te provoca saber que vos mismo sos tu obstáculo para ser feliz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)